EL IRLANDÉS

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Martin Scorsese dirige a dos habituales en su filmografía, Robert de Niro y Joe Pesci (ambos en Casino y Uno de los nuestros), y debuta con Al Pacino en este filme con el que regresa a la temática mafiosa.

Un anciano delincuente que está en una residencia repasa su vida desde que era un camionero excombatiente de la guerra y se inició en el mundo del crimen de la mano de influyentes personajes a su relación con el sindicalista Jimmy Hoffa.

El filme viene a ser una especie de resumen de los filmes mafiosos del realizador y también una mirada a la evolución de la historia norteamericana de los años 50 a los 70.

Ofrece el gran duelo interpretativo tan esperado entre los padrinos De Niro y Pacino tras la frustrada Heat (porque rodaron por separado) y la mediocre Asesinato justo. Por fin.

Curiosamente Joe Pesci, por primera vez hace de jefe mafioso y en un personaje mucho más tranquilo y reposado de lo habitual en él mientras que De Niro es el esbirro. También aparece otros de sus habituales, Harvey Keitel pero lo suyo es poco menos que un cameo.

Es demasiado larga. Dura ¡3 horas y media! Y parece la típica versión del director con un metraje excesivo. Lo cierto es que el inicio es espléndido, la parte central fácilmente aligerable, tiene demasiados personajes, y el desenlace se estira demasiado. Con una hora menos hubiera quedado mucho más redonda.

Su otro gran inconveniente es que, como Will Smith en Geminis, se han rejuvenecido digitalmente a los actores. Especialmente grave es el caso de Robert de Niro que parece que se haya hecho un lifting y su transformación resulta poco creíble.

El protagonista se dedica a “pintar casas”, metáfora ejemplificada con un disparo y la sangre que salpica la pared.

También sorprende su forma de cometer los asesinatos: dos tiros a bocajarro sin mediar palabra alguna ni tiempo a reacción. Es un tipo leal y obediente que, en condiciones normales, intenta pacificar la situación.

Las mujeres son prácticamente irrelevantes en la trama aunque siempre está presente la mirada silenciosa de una de sus hijas.

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