VITORIA, 3 DE MARZO

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El realizador Víctor Cabaco (director de varios capítulos de Compañeros) firma este drama histórico protagonizado por actores poco conocidos como Amaia Aberasturi, Mikel Iglesias (Polseres vermelles) y Alberto Berzal (Gigantes), además de Ruth Díaz, brillante protagonista de Tarde para la ira.

Tras la muerte de Franco, en 1976, los obreros vitorianos emprenden una huelga para reclamar mejoras salariales y de sus condiciones sanitarias. El paro se prolonga y la patronal no está dispuesta a ceder. El conflicto se irá recrudeciendo y el gobierno central tomará duras decisiones.

Es una de esas películas necesarias que retrata una época en la que, pese a los aires de libertad, el franquismo seguía latente y los tics autoritarios de los que mandaban seguían esa línea.

Desde el inicio nos advierten que se trata de una ficción basada en hechos reales. Si bien lo que cuenta es verídico, ha utilizado el personaje de una adolescente enamorada de un revolucionario para hacerlo patente.

El filme intercala escenas rodadas para la película con otras documentales que reflejan fielmente lo ocurrido y, además, incorpora el audio real de las conversaciones policiales y resulta estremecedor y muy inquietante.

Es destacable el contraste entre la carpeta de la chica (con fotos de Camilo Sesto y Pablo Abraira) y la música que escuchan sus nuevos compañeros, de Paco Ibáñez.

Muestra los enfrentamientos entre la policía y la población, las asambleas obreras o los tiempos de “El pueblo unido jamás será vencido”.

También destaca como los poderosos intentan controlar los medios de comunicación y chantajean a los periodistas para propagar noticias falsas. Lo de las fake news no se inventó ayer.

Se cita la famosa frase de Lampedusa que popularizó El gatopardo: “Algo tiene que cambiar para que todo siga igual”.

Es una reconstrucción de unos hechos dolorosos que se ve con indignación, te pone de los nervios ya que fue un caso que quedó impune y, en su tramo final, se ve con un nudo en la garganta y te hace reflexionar sobre un pasado que muchos no queremos que se vuelva a repetir.

Como no podría ser de otra manera, en los créditos finales suena el Campanades a morts de Lluís Llach, que compuso en homenaje a las víctimas.

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