DESENTERRANDO SAD HILL

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Documental cinéfilo firmado por el publicista y cortometrajista gallego Guillermo de Oliveira.

Cuenta las peripecias de cuatro individuos enamorados del wéstern de Sergio Leone, El bueno, el feo y el malo que pretendían recuperar el escenario de un valle de Burgos donde se rodó la escena final de duelo a tres en un cementerio circular para celebrar el 50 aniversario de la película.

Se trata de un grupo de frikis (dicho en tono cariñoso) que se pusieron a remover la tierra para restaurar las piedras blancas sobre las que caminaban los personajes y, para ello, montaron una campaña de voluntariado a la que se apuntaron personas de medio mundo.

Una vez conseguido el primer objetivo iniciaron una campaña “Apadrina una tumba” para lograr rescatar el aspecto que se mostraba en la película con miles de cruces.

Este documental cuenta con entrevistas al músico Ennio Morricone, el protagonista Clint Eastwood además de fans del filme como los directores Joe Dante (Gremlins) o Álex de la Iglesia, así como imágenes de archivo de Sergio Leone mientras come spaghettis (curioso, ya que sus pelis del Oeste recibieron el calificativo de spaghetti-westerns).

Durante el metraje, el hilo conductor es un concierto de Metallica. Como sus seguidores saben, el popular grupo abre sus recitales desde hace 30 años con la música de esa escena.

También cuenta historias sobre el rodaje, en el que participaron múltiples soldados españoles que hacían la mili, bien fuera como extras o ayudando en la construcción de decorados y las 5.000 tumbas. La mejor anécdota es la que explican de cómo un teniente se cargó involuntariamente el puente donde debían filmar una de las principales secuencias. Algunos de aquellos militares cuentan su experiencia en el largometraje.

La parte final muestra la fiesta de celebración de las bodas de oro del filme que tuvo lugar en el cementerio recuperado. Incluye una interpretación de la partitura, bastante flojita, a cargo de una banda local; la reconstrucción del trielo a cargo de tres miembros del grupo encargado de la reconstrucción y los mensajes de algunos de los miembros del equipo, con alguna sorpresa que emociona a los organizadores.

Las consecuencias: el filme se pasó en un festival de Tokio y ya empiezan a merodear los autobuses de los japoneses por la zona.

Es una película que cae simpática, compartamos o no, los sueños de los restauradores. Muestra cómo la voluntad infatigable de un grupo de cinéfilos pude conseguir milagros insospechados como recuperar uno de los escenarios más míticos de la historia del cine.

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