EL REINO

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Drama político firmado por Rodrigo Sorogoyen (Stockholm, Que Dios nos perdone) protagonizado por Antonio de la Torre, Mónica López, Josep Maria Pou, Nacho Fresneda y Bárbara Lennie.

Un político que ostenta un alto cargo autonómico vive rodeado de lujos junto a sus compañeros de partido, fruto de la corrupción. Pero sus maniobras y las de sus amigos salen a la luz y se ve obligado a reaccionar.

La película muestra a la perfección los mecanismos que utilizan los poderosos para conseguir dinero y sus prácticas habituales (vida ostentosa con yates y regalos de rolex, mordidas a empresarios, reparto de las subvenciones europeas, desaparición de documentos importantes cuando conviene, pactos de silencio, traiciones entre presuntos amigos, filtraciones a influyentes periodistas, muertes accidentales muy sospechosas, afinar la justicia, etcétera). Podría ser un manual para corruptos.

Se ocupa sobre todo de los cargos intermedios que trabajan a la sombra para recaudar pero si les pillan, los de arriba hacen ver que no saben nada e intentan taparlo.

Vamos, que si no está basada en hechos reales lo disimula muy bien. En ningún momento se menciona el nombre del partido, ni tan siquiera si es de izquierdas o de derechas, quizás para demostrar que es aplicable a cualquier organización política con poder sea de la ideología que sea. De todas maneras no hace falta ser muy listo para poner nombres reales a los personajes.

Varias de las escenas están rodadas en plano secuencia y casi siempre con cámara al hombro, lo que le da una mayor intensidad.

Curiosamente, la película está ilustrada en su mayoría con música electrónica y no queda mal del todo.

Luis Zahera, uno de los grandes actores casi siempre secundario, brilla con gran fuerza en la escena del balcón. Se merece un Goya desde hace tiempo ¿será su oportunidad?

Atención a la reacción de la hija adolescente del protagonista cuando empiezan a salir los casos por la tele y exclama “¡Qué cabrones!”. Pero no se refiere a los amigos de su padre, sino a los periodistas.

El tramo final es apasionante con una escena en una casa de Andorra que te mantiene en tensión y una entrevista periodística que desvela los intereses ocultos de más de uno.

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