EL CAPITÁN

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El alemán Robert Schwentke (la saga de películas Divergente, Plan de vuelo: desaparecida) dirige este contundente filme basado en hechos reales y protagonizado por Max Hubacher Milan Peschel y Frederick Lau (los tres, vistos en la serie El lugar del crimen).

En la Alemania de 1945, dos semanas antes del final de la segunda guerra mundial, un soldado alemán fugitivo encuentra casualmente un uniforme de capitán y decide hacerse pasar por oficial.

El filme es muy tenso ya desde la primera escena, una implacable persecución que no sabes cómo acabará.

Está rodada en blanco y negro. Según su director, siguió los pasos de Scorsese en Toro salvaje y prescindió del color para que las escenas violentas no lo fueran tanto.

Describe el caos y el miedo que se vivía en aquellos últimos días de guerra tras el frente, lo que propició la aparición de un personaje como este. El principal objetivo del ejército era atrapar a desertores y saqueadores, ya que intuían que la derrota estaba cercana.

Muestra como el chico, un muchacho humilde, se va creyendo progresivamente su personaje, debe actuar con crueldad para justificar su posición y cada vez le va cogiendo más gusto a la violencia con la que actúa hasta convertirse en un verdugo igual o peor que quienes le perseguían y acaba dando pánico.

El impostor empieza solo pero va reclutando progresivamente a mercenarios que deambulan tan perdidos como él. En este sentido resulta estremecedor contemplar la mirada del primer hombre que se une a él y que va observando con horror y sin palabras la progresiva degradación del chico. Su mirada lo dice todo.

Ejemplifica las tensiones entre soldados ya que unos le aplauden y otros no están de acuerdo con su actuación y pretenden frenar sus abusos. Para entendernos, hay muchos matices y tanto los “buenos” como los “malos” son nazis. Compasivos contra sádicos.

Es la historia de un superviviente dispuesto a todo para salvarse y que va creciéndose al tiempo que las circunstancias le acompañan, lo que te hace plantearte qué estarías dispuesto a hacer para seguir viviendo.

Resulta curioso cómo este director, afincado en EEUU y autor de productos de consumo rápido bastante flojos, como la comedia RIPD: Departamento de Policía Mortal, ha firmado su mejor obra alejándose de Hollywood y regresando a su Alemania natal.

Atención a la original escena durante los créditos finales, altamente metafórica y aterradoramente amenazadora.

Es una película excelente aunque reconozco que su violencia puede hacerla difícil de digerir para determinados públicos.

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