LA NÚMERO UNO

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La actriz y directora francesa Tonie Marshall (Venus salón de belleza, Lo más cercano al cielo) firma este drama empresarial protagonizado por Emmanuelle Devos (Lee mis labios, El tiempo de los amantes), Suzanne Clément (Laurence anyways, Mommy) y Richard Berry (Una habitación en la ciudad).

Una brillante ejecutiva es reclutada por un club femenino que quiere ayudarla para que consiga el puesto de directora de una de las más importantes empresas públicas francesas dedicada al suministro de aguas. Para ello deberá enfrentarse a un individuo acostumbrado a manejarse con los políticos.

Es un reflejo de cómo las mujeres tienen más dificultades que los hombres para acceder a los cargos de alta responsabilidad y de los juegos sucios que se mueven en el mundo de la política.

Las mujeres forman parte de un club feminista, en contraposición a los clubs privados de hombres que ellas califican no de masculinos, sino de misóginos.

El puesto al que aspira es ser la primera mujer que comanda una empresa del CAC 40 francés, que, traducido a nuestro país, sería algo así como el Ibex-35.

La protagonista está muy bien descrita: es una mujer valiente, eficaz, muy hábil para ganarse la complicidad de futuros socios, justa, que promociona a quienes le han ayudado y que ha aprendido a moverse en solitario en un entorno de hombres poderosos. En las reuniones de los círculos de poder, las únicas mujeres son ella y una secretaria.

Las estrategias de ambos bandos son como una partida de ajedrez en la que, en alguna ocasión, alguien hace trampas.

Se apunta la influencia de los masones en las altas esferas. Es solo un tema a pie de página sobre el que se podría haber avanzado más en el filme.

Denuncia las maniobras de los políticos que son capaces de llevar al paro a 10.000 personas solo para que sus negocios ilegales no salgan a la luz.

También se queja de la diferencia del lenguaje aplicado a las mujeres: una luchadora es considerada una arribista o una partidaria del aborto, una zorra.

Hay un personaje conmovedor, el del padre de la mujer, que la hace ponerse continuamente frente a un espejo para ver sus errores.

Un filme muy interesante que aboga por la visibilidad de las mujeres en los altos cargos e insiste en la corrupción que parece inherente al ejercicio de la política.

En los créditos finales suena el tema Woman, interpretado por Alex Hepburn.

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