CORPORATE

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Drama laboral francés dirigido por el debutante Nicolas Silhol y protagonizado por Celine Sallette (De óxido y hueso, Les revenants), Lambert Wilson (Matrix reloadead, De dioses y hombres), Violaine Fumau (Les elephants) y Stéphane de Groodt (Mi casa en París, Cariño, yo soy tú).

En una empresa multinacional, un trabajador se suicida delante de sus compañeros. La responsable de recursos humanos está bajo la mira de la inspectora de trabajo que sospecha que lo sometió a múltiples presiones que le hicieron estallar.

Es un drama laboral sobre la voracidad y falta de humanidad de algunas empresas cuyas consecuencias las acaban pagando los trabajadores, pero también incluye algunos elementos de intriga.

Un rótulo al inicio del filme asegura que se trata de un argumento de ficción pero que se inspira en métodos administrativos reales. De hecho, la idea le surgió al director y coguionista tras conocer la ola de suicidios (unos 60) que se produjeron en France Telecom entre 2007 y 2010.

La protagonista es una mujer con pocos escrúpulos, dispuesta a servir a los de arriba para humillar a los de abajo pero que deberá hacerse responsable de sus decisiones y se convertirá en un estorbo para sus jefes que la harán probar su propia medicina. Llega un momento en el que descubre que está en tierra de nadie, siendo atacada por sus víctimas tanto como por quienes la han convertido en verdugo.

Su relación con la inspectora de trabajo es como un duelo del Oeste entre mujeres no solo a través de palabras sino también con gestos o miradas, un tenso pulso de consecuencias imprevisibles.

En una de las mejores escenas, la protagonista hace un simulacro de entrevista a su marido, que está en paro y una de las preguntas es: ¿Si tuviera que escoger entre su mujer y su trabajo, qué elegiría? Es uno de esos momentos en los que debe ponerse un espejo para mirar qué es lo que está haciendo y pidiendo a sus trabajadores.

Las oficinas donde transcurre la acción tienen colores como el blanco y el azul, que reflejan la frialdad que allí tiene lugar.

Es un retrato del maltrato psicológico que sufren a veces los trabajadores y del cual siempre es responsable ese término grandilocuente e inconcreto que es “la empresa”,  pero las decisiones no las toman entes anónimos sino personas con nombres y apellidos.

Mientras la veía me preguntaba: en nuestro país ¿un inspector o inspectora de trabajo tiene tanto poder para poner en jaque a una multimillonaria empresa por el trato que inflige a sus trabajadores? Ahí lo dejo.

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